SAN FROILÁN 2012

 EN LEÓN Y EN LA VIRGEN DEL CAMINO

 

LA FIESTA DE LAS CANTADERAS – Máximo Cayón Diéguez

Es el ceremonial del Foro u Oferta, popularmente conocido como la Fiesta de las Cantaderas. Rememora el lejanísimo Tributo de las Cien Doncellas. Y su celebración se verifica actualmente el domingo anterior a la festividad litúrgica de San Froilán, patrono de la diócesis legionense. Los hechos, con su carga crítica, su caudal poético y su legado tradicional, nos sitúan en el 22 de mayo del año 844, tiempos de Ramiro 1 (842-850). Y traen a la memoria la controvertible batalla librada en tierras logroñesas de Clavijo por las tropas del citado monarca y las huestes del príncipe omeya Abd al-Rahmán II (833-852), así como la aparición ecuestre del Apóstol Santiago, decantándose en favor de las tropas cristianas. Al margen de apologías e impugnaciones, por una parte, recordemos que el triunfo del soberano astur trajo consigo la supresión del «nefando tributo», concertado con el emirato cordobés, décadas atrás, por el rey Mauregato, (784-789), cifrado en la entrega al sarraceno de cincuenta doncellas provenientes de la nobleza y otras tantas procedentes del pueblo llano. Y, por la otra, constatemos también que, incluso, hasta el mismo Cervantes, valiéndose de Alonso Quijano, (P.II, cap. LVIII), habla de este modo del Hijo del Trueno: «este gran caballero de la cruz bermeja háselo dado Dios a España por patrón y amparo suyo, especialmente en los rigurosos trances que con los moros los españoles han tenido, y así, le invocan y llaman como a defensor suyo en todas las batallas que acomete, y muchas veces le han visto visiblemente en ellas, derribando, atropellando y matando los agareno s escuadrones...». Sea como fuere, lo cierto y verdad es que la Fiesta de las Cantaderas es una de las más tradicionales en los anales legionenses. Precisamente, un riojano, el P. Atanasio Lobera fue testigo ocular del ceremonial en 1595. Y lo tiene referido en Grandezas de la Iglesia y de la ciudad de León. Su desarrollo duraba entonces cuatro días -14, 15, 16 Y 17 de agosto- y las cuatro parroquias principales de la ciudad -San Marcelo, Nuestra Señora del Mercado, San Martín y Santa Ana- estaban obligadas «a sacar: cada cual por sí una danza de niñas». Para ello, cada una escogía doce mocitas de diez a doce años «muy ricamente aderezadas con vestidos de brocados, ricas sedas, y sobrepuestos muchos aderezos de oro, plata, azabache y otros adornos de grande estima.» Los atabales y el salterio salían de Nuestra Señora del Mercado. La Sotadera, representante enviada desde Córdoba para elegir a las Cien Doncellas, que la Pícara Justina juzga como «la cosa más vieja y mala que vi en toda mi vida», lo hacía de San Marcelo, donde en el presbiterio destacan dos vidrieras, luminosas y coloristas, alusivas a la Fiesta de las Cantaderas. Una, referida a éstas, en el lado sur o de la epístola, visible desde la capilla de la Inmaculada, y otra, relativa a la Sotadera, en el lado norte o del evangelio, perceptible desde la capilla del Cristo de los Balderas. Justicias y Regidores, «en forma de ciudad», acompañados por las Cantaderas, iban desde el Palacio de Prioridad hasta la Catedral, llevando un carro engalanado con polícroma colcha, ramajes y flores, y tirado por una pareja de bueyes con roscas de pan en las astas. Si los días 14 y 15 había ceremonia religiosas con asistencia de las citadas doncellas, el 16 «se corrían toros», y, en consecuencia, la ofrenda municipal se realizaba el 17, ante la gótica imagen de Nuestra Señora del Foro y Oferta de Regla. Consistía en un cestillo de panecillos pequeños, los llamados «cotinos», otro de frutas, con ciruelas y peras, y un toro muerto. Nuestra Señora del Foro y Oferta de Regla, efigiada en destacado relieve, se encuentra en el sepulcro protogótico del chantre Munio Ponzardi, fallecido el 19 de septiembre de 1240, instalado en el ala sur del claustro catedralicio. Allí, sitúa la Sotadera el arco floral que porta, y, allí, en una mesita próxima, las Cantaderas depositan sus cestillos. En relación con el astado, en el capítulo XV de las Políticas Ceremonias del Marqués de Fuente Oyuelo, obra datada en 1693, el noble leonés fija ya la dádiva del bovino en la cuarta parte de uno de los toros lidiados el día anterior, festividad de San Roque. Tiempo después, a partir de 1816, el cuarto de toro se suplió por una aportación económica de 250 reales;. Harto sabido es que el síndico municipal hacía la ofrenda con carácter libre y voluntario, es decir, como obsequio a dicha imagen de Nuestra Señora, y que el capitular aceptaba la entrega en condición de foro u obligación, nunca de otro modo. Después de tres intervenciones dialécticas impregnadas de juiciosos fundamentos, aticismo verbal, ironía y agudeza, la disensión era notoria. Al cabo, el escribano del Corregimiento, por su par-te, levantaba acta de que la merced era una donación y, por ello, una oferta. Y el notario eclesiástico, por la suya, daba fe de que el argumento canonical era categórico y que, por lo tanto, el foro resultaba notorio y no admitía discusión alguna, y aquí paz y después gloria. Hoy, igual que ayer, tesis y situaciones se repiten. Finalizado el acto del Foro u Oferta propiamente dicho, se celebra la Eucaristía, y, después, ante la imagen de la Virgen Blanca, situada en el mainel de la Puerta del Juicio Final, al igual que han hecho al llegar y ante Nuestra Señora del Foro u Oferta, mientras suenan la dulzaina y el tamboril, las Cantaderas interpretan la Cantiga décima de Alfonso el Sabio, -¿Donna d'as Donnas?-, danza sacramental que desde 1950 se lleva a término a propuesta del autor de la música del Himno de León, el inolvidable maestro Odón Alonso. Luego, la Corporación Municipal se dirige a la plaza de Santa María del Camino, destino de los carros que en este señalado día tienen allí un singular protagonismo. Estos son los rasgos más sobresalientes de la Fiesta de las Cantaderas, que se ha celebrado por diversos motivos en distintas fechas, tales como el tradicional 15 de agosto, el 29 de junio, festividad de San Pedro Apóstol, y, desde 1978, en dominica próxima a la festividad litúrgica de San Froilán. «No hay memoria en la Catedral del año en que empezó la fiesta de las Cantaderas», señala D. José González en su obra Pulchra Leonina, (p. 123). Aun así, subrayemos que desde enero de 1966, entre la calle del Cardenal Landázuri, antigua Canóniga Vieja, y la avenida de los Cubos, una arteria urbana lleva el nombre de Las Cien Doncellas. Se trata de un homenaje público de esta Urbe Regia a dichas jóvenes y, por ende, una perpetua remembranza de uno de los capítulos más emotivos de la intrahistoria leonesa.