San Isidro Labrador

El pueblo de Velilla renovó, un año más, su voto al Santo Patrón de los Labradores con los oficios religiosos habituales: misa, procesión con la imágen y el pendón y bendición de los Campos, seguidos de una tranquila jornada festiva.

Isidro de Merlo y Quintana nació cerca de Madrid hacia el año 1070. Casado con María Torribia, canonizada como Santa María de la Cabeza, con la que vivió en Torrelaguna, era un labrador que trabajaba en las posesiones de D. Juan de Vargas.

Cada mañana antes de ir a trabajar acostumbraba a oír misa, y un día en que sus compañeros se quejaron al patrón de que llegaba tarde al trabajo, éste, al ir a buscarlo, se lo encontró rezando mientras un ángel le hacía el arado. La complicidad del ángel con Isidro era tan grande que en otra ocasión, el patrón volvió a verlo arando al lado del peón, constatando que el trabajo de ambos era igual al de tres peones. Se le atribuyen al santo patrono de Madrid multitud de milagros realizados en vida. Así se dice que Isidro le devolvió la vida a la hija de su patrón, y que en otra ocasión y para calmar la sed de éste, hizo brotar agua de una fuente. Hizo también elevarse las aguas de un pozo para que al hacerlo, saliera a flote su propio hijo que se había caído en él. Milagro por el que, por cierto, los padres decidieron hacer voto de castidad.

Cuenta la leyenda que durante la batalla de las Navas de Tolosa se le apareció al Rey Alfonso VIII mostrándole el sendero que le serviría para sorprender a los moros y lograr la importantísima victoria cuyo octavo centenario hemos celebrado sin pena ni gloria el año pasado. Una aparición que es, en realidad, el equivalente de lo que otra leyenda atribuye al pastor Martín Alhaja, quien por cierto, para señalar el camino, se habría valido de la calaveras de unas vacas, dando lugar así al linaje de los Cabeza de Vaca de quien procede Alvar Núñez Cabeza de Vaca, uno de los grandes exploradores de Norteamérica y descubridor de las cataratas de Iguazú, entre otras cosas. Se cuenta también que el Rey Felipe III curó de una grave enfermedad mortal con sólo tocar las reliquias del santo.

San Isidro muere el año 1139, el día 15 de Mayo que queda marcado como día de su onomástica. Cuarenta años después de su muerte, su cuerpo será trasladado del cementerio a la iglesia de San Andrés. Su vida será escrita por primera vez en 1265 por Juan, diácono de la Iglesia de San Andrés de Madrid, base de la comedia que le dedicará Lope de Vega en 1617.

También escriben sobre el santo labrador Lucio Marineo Sículo, Juan López de Hoyos, Ambrosio de Morales, Basilio Santoro y Alonso de Villegas. Isidro será beatificado por Pablo V el 14 de junio de 1619 y canonizado, sólo tres años después, por Gregorio XV en lo que constituye la gran canonización de españoles que realiza el 12 de Marzo de 1622, junto a San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y Santa Teresa.

San Isidro es ante todo el patrón de esta ciudad maravillosa que es Madrid, donde se realiza una procesión con una imagen del santo, venerada en la basílica de su nombre, oficiosamente considerada la catedral de Madrid hasta que el 15 de junio de 1993, el Beato Juan Pablo II consagró la Almudena como catedral de la capital de España.

Las fiestas de San Isidro son ocasión de la celebración en Madrid de la que se considera la feria taurina más importante del mundo. Amén de Madrid, San Isidro es festejado en muchas otras ciudades españolas. Es también patrono de muchas localidades americanas, como Cuz Cuz y Cuncumén (Chile), San Isidro de Carampa y Moche (Perú), San Isidro, San Isidro de Lules, Chucalezna y Oncativo (Argentina), Chochó, Pital Megua, Sibarco y La Argentina Huila (Colombia), San Juan del Río, Xoxoclota, y Xoxo (Méjico) y muchas más. Y lo es también de los campesinos y los peones, así como de los ingenieros técnicos agrícolas y de los ingenieros agrónomos.