EL PAÑUELO Y EL MANTÓN DE ESPALDA LEONÉS EN VELILLA DE LA REINA

Escuela de Velilla del 8 al 14 de Agosto, 22:30 h.

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EL MANTÓN DEL RAMO LEONÉS EN VELILLA DE LA REINA  (Exposición 2013)

Impresionante colección de Mantones del Ramo antiguos de Velilla, todos los que se conservan actualmente procedentes de herencias, reunidos para la exposición sobre esta vistosa prenda de la Indumentaria Tradicional en la Semana Cultural de 2013.

Enlace al video de entrevistas con las dueñas de las prendas y a la charla impartida en la inauguración de la exposción:
 
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EL “MANTÓN DEL RAMO”

El llamado “mantón del ramo” es un pañuelo de hombros que aparece a principios del siglo XIX y que, con el paso del tiempo, ha quedado como prenda característica del Alto Órbigo y Tierras de la Bañeza, aunque no exclusiva de estas zonas ni tampoco de la provincia de León, pues podemos encontrar ejemplos en la vecina Zamora. Sin duda, es una prenda elegante y vistosa que obedecía, como todo en el vestir, a las pautas marcadas por la moda del momento.

Los más antiguos son los que se conocen como “merinos”, es decir, los tejidos de lana merina en color marrón o encarnado, de no excesivo tamaño, con cerras y bordados de motivos florales hechos manualmente con lanillas de colores. Sin embargo, el más común, quizá porque haya permanecido un mayor número y porque su producción era industrial, fue el “mantón del ramo” de color negro, tejido con lana fina y en distintos gruesos, que se adornaba con polícromos bordados matizados, semejantes a los anteriores, y en los que también podía incluirse la figura del pavo real. Algunos lo fueron de color aceitoso, con grandes cerras y los mismos temas ornamentales. Tampoco faltaron mantones de seda de fondo y bordado en negro que, como los otros, resultaban ser, en cierta medida, un sucedáneo del “mantón de Manila”, una prenda exclusiva y de alto precio que llegó a Sevilla procedente, primero, de las Islas Filipinas y, después, de Acapulco (Méjico), a través de la que se conoció como Ruta del Mantón de Manila, que perduraría hasta el año 1815. Ese gusto por el mantón fue extendiéndose por toda la península, dando lugar, posiblemente, a los “mantones del ramo” y a un posterior mantón tejido mecánicamente, identificado como de tipo isabelino, que tenía bordados de cadeneta y de punto de arena matizados.

Respecto al ornamento, el “mantón del ramo” se puede clasificar en tres grupos: los que componían de cuatro o nueve rosas, los de flores y bordado de un ave, y aquellos en los que se combinaba el tema floral con dos aves.

A mediados del siglo XIX su formato aumentó, posiblemente por influencia de los chales de seda de Manila, convirtiéndose en el ámbito rural y en los albores del XX, en frecuente regalo de boda del novio, utilizado posteriormente por la futura esposa, como “pañuelo dominguero” o “pañuelo de fiesta”.

Joaquín Alonso