EL RABEL EN LEÓN

José Luís Reñon y Miguel Ángel Badeso ( 2010)

1- Aspectos generales del instrumento musical RABEL:

El Rabel es un instrumento musical tradicional “cordófono”, cuyas cuerdas se frotan con un arco enresinado.
Los rabeles, por su origen popular, pueden presentar diversas formas y tamaños. No hay ninguna norma ni ningún sistema establecido para su construcción.
Cada rabelista construía o encargaba construir artesanalmente su ó sus propios rabales, según su gusto y pretensiones sonoras, y de ahí la diversidad en formas, tamaños y materiales: los hay con caja en forma de ocho, en forma cuadrada; con la parte posterior plana u oblonga; de madera, chapa, piel, calabaza, etc.
La forma de la caja de un rabel y la postura al tocarlo dan indicios de su origen.

2- Introducción del rabel en la Península:

Así, según distintos autores, unos rabeles proceden del rebec árabe, introducido en la Península Ibérica por el Sur hacia el S. XI. En este caso el rabelista toca sentado y apoyándolo sobre las rodillas. (En las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio –S.XIII- aparecen varias imágenes de músicos rabelistas tocando en la antedicha postura).
Otros rabeles tomaban como modelos a seguir las fídulas introducidas en la antigua Hispania por distintos pueblos europeos a través de los Pirineos y por vía marítima, y en el medievo también serían portadas y difundidas a través del Camino de Santiago (entre otras vías). En este caso, el rabelista toca de pie y apoya la caja del instrumento en el costado o en el hombro. (En el Pórtico de la Catedral de León -S.XIII- pueden apreciarse relieves de músicos con este tipo de instrumentos similares al rabel, tocando en ambas posturas).

En la Península Ibérica, el rabel fue adoptado de forma popular por los pastores. A través de las cañadas y vías de trashumancia, los pastores portan y difunden este instrumento (además de otros aspectos culturales tradicionales) por las distintas zonas que pasan o se asientan, y con él se acompañan en sus tonadas, romances y bailes.
No obstante, el rabel pasó también a ser instrumento musical cortesano (Ramón Menéndez Pidal, 1942, hace mención a que Pedro IV de Aragón –S. XIV-“tenía a sueldo a dos juglares de Játiva tañedores de rabel y exabeba”).
El rabel constituyó así, desde épocas medievales, un instrumento de acompañamiento del cancionero popular y también del cancionero y romancero de palacio.
En la literatura, además de las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio (S.XIII), antes apuntadas, hay frecuentes referencias a este instrumento: en el Libro de buen amor del Arcipreste de Hita (S. XIV), Coplas de Fray Iñigo de Mendoza (S. XV), Los siete libros de Diana de Jorge Montemayor (S.XVI), etc.
Con la regularización académica de los instrumentos musicales de cuerda (tamaños, materiales, formas, afinaciones…) el rabel pasó a ser instrumento popular de construcción libre, según el gusto y las pretensiones sonoras del rabelista.
Llegados al Siglo de Oro, queda en manos de los pastores la conservación de la tradición del rabel, siendo este instrumento desplazado del culto y noble rango que mantuvo durante la Edad Media. (Cobarrubias –1611- dice acerca del rabel: “usan dél los pastores, con que se entretienen”).
La tradición popular del rabel ha llegado hasta nuestros días, sobre todo en poblaciones de montaña.

3- EL RABEL EN LEÓN:

a) En los Valles de Riaño y Esla:

Concretamente, en la zona de Riaño, se han encontrado hermosos ejemplares y se tiene constancia de algunos de sus últimos intérpretes tradicionales: Segundo Sierra, Alfredo González, Bernardino Sutil, Fortunato Rodríguez, ... (de los que también se conserva algún registro fonográfico de los temas que interpretaban y cantaban).
En el intento de recuperar toda la documentación posible, y los modelos aún conservados, según las investigaciones hechas por José Luís Reñón (natural de Veguellina de Órbigo) se han hallado, catalogado y hecho réplicas de NUEVE modelos de RABELES , todos ellos originarios de estos valles.(ver fotos de 6 modelos)

b) El rabel en la Ribera del Órbigo:

Por lo que respecta a la Ribera del Órbigo, el etnógrafo D. Carlos Junquera, ha confirmado la existencia de dicho instrumento musical, al menos desde el S. XVIII (a partir de documentación de esa época encontrada en Benavides). 
Lamentablemente, no tenemos constancia de ningún modelo concreto de rabel procedente de esta zona leonesa.

4- El Rabel y sus posibilidades interpretativas:

Como ya antes se apuntó, los rabeles pueden presentarse en diversas formas, tamaños y materiales. Ello hace que las cualidades de sonido de unos comparados con otros puedan llegar a ser bien distintas. Hasta hay constructores que afirman que “ no hay dos rabales que suenen igual”.
Esta particularidad diferencia y hasta personaliza cada rabel. Y si a esto añadimos que cada tañedor o intérprete toca y canta con su particular timbre de voz, con más o menos capacidad de afinación-entonación, con más o menos conocimientos de música aplicados, con más o menos gracia para captar la atención de los oyentes, en función de lo que interpreta o cuenta, nos encontramos con que cada rabelista con su rabel forman un tandem con verdadera personalidad propia, lo que sin duda hace más rico y variado un concierto de varios intérpretes de este instrumento.

Los rabeles más elementales tienen una cuerda útil (cantarina). Los que tienen dos cuerdas, suele hacerse sonar la segunda como bordón (o simplemente se tiene ahí al lado de repuesto por si rompe la cantarina). Más completo es ya un rabel con tres cuerdas. Si se hace uso de las tres, afinadas en cuartas, lo normal es afinarlo, en sentido ascendente: La (la más grave), Re (la intermedia) y Sol (la más aguda). Aunque para esto tampoco hay una norma exacta, y dependerá del que vaya a cantar, ya que con el rabel, además de tocar hay que cantar (si encuentra adecuada o no esta afinación para su tesitura de voz, pudiendo variarla subiendo o bajando uno o varios tonos dicha afinación).
Con más de tres cuerdas útiles es muy raro encontrar algún rabel ( a no ser que se haya querido imitar un violín, o se trate de alguna antigua fídula).
Las cuerdas, tradicionalmente eran de tripa o de crin de caballo, pero en tiempos recientes se han adoptado de otros materiales (metálicas, de otros instrumentos de cuerda, de fibras sintéticas, etc). El arco de madera y con cierto pronunciamiento en su curvatura, mantiene tenso un fino manojo de crines de caballo (o fibras sintéticas) que, untado con resina natural, queda dispuesto para frotar con él las cuerdas del instrumento, a la vez que, con los dedos de la otra mano se va pisando de forma individual y sincronizada cada cuerda en su lugar oportuno sobre el mástil (sin ayuda de trastes) produciendo así sus particulares sonidos.

Ya en términos de posibilidades interpretativas, podemos decir que, un rabel de tres cuerdas es un instrumento cromático (es decir, permite interpretar temas tanto en modalidad mayor como menor, y en varias tonalidades) y afín a instrumentos como el acordeón cromático o la flauta travesera (en el sentido de que éstos pueden acompañar al intérprete de rabel, de forma sutil, mediante acordes, segundas voces, etc).
Y dado que en nuestro cancionero tradicional son numerosos los temas en modalidad menor (sirvan de ejemplo algunos temas tan conocidos como: “A la luz del Cigarro”, “En casa del Tío Vicente”, “Dicen que los pastores “, etc) nos encontramos con que no pueden ser interpretados correctamente con otros instrumentos melódicos tradicionales de uso más generalizado y esencialmente diatónicos, como por ejemplo la gaita o la flauta, (teniendo que “falsear” algunas notas) y sí, de la forma más fiel, con el rabel.

Una razón tan importante como ésta es motivo suficiente para recuperar la tradición interpretativa de este instrumento, que no solo ha sido eco de las tonadas y rabeladas de pastores, sino también un instrumento musical tan noble y culto desde su origen como pueda serlo cualquier otro, y con añadidas posibilidades para la interpretación y conservación de nuestro rico patrimonio musical tradicional leonés: todas esas canciones populares que si no se revitalizan con nuevos intérpretes caerán en el olvido definitivo.

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“RABELES EN EL ÓRBIGO: ENTRE EL OSCURO PASADO Y EL GOZOSO PRESENTE”

CARLOS JUNQUERA RUBIO

REVISTA DE FOLKLORE - Caja España - Fundación Joaquín Díaz

INTRODUCCIÓN
José Luis Reñón, conocido y amigo desde la infancia, me solicita que escriba unas líneas introductorias a la puesta en escena de una actuación centrada en los rabeles que tendrá lugar el 9 de julio en Veguellina de Órbigo. Me comentaba, en conversación telefónica, que algunos paisanos nuestros le discutían algo más a menos así: “¡pero José Luis …! ¿de dónde has sacado esa tradición que no tiene nada que ver con nuestra tierra?” A lo que les responde: “no sé si en alguna ocasión sonaron los rabeles en el Órbigo, lo que sí sé es que deseo que suenen y que se afiancen en nuestra cultura particular”.
El hecho de acudir a este título “Entre el oscuro pasado y el gozoso presente” no forma parte de nada pretencioso, aunque pudiera parecerlo así. Sencillamente, quiero manifestar con ello que ciertos instrumentos musicales, entre los que se encuentra el rabel, carecen de documentación concreta para poder afirmar con certeza en qué momento aparecieron aquí o allá. Adelanto que en la Ribera del Órbigo sonaron así como las vihuelas y las castañuelas, por no citar ahora otros útiles. Ahora bien, en nuestras tierras del Órbigo disponemos de dos rutas importantes para la difusión de este instrumento musical que hoy glosamos aquí (que no son las únicas), como son:
1. la Cañada Real (que en nuestra tierra cuenta no con una, sino con tres: Oriental, Central y Occidental) y de aquí procede que las calles centrales, notables y tradicionales de nuestros pueblos, de Norte a Sur, se denominen aún Calle Real;
2. y la Ruta Jacobea.
La falta de documentación escrita se ha podido suplir, hasta donde esto es posible, con las estampas que aparecen en los Beatos (esos libros medievales maravillosos, escritos sobre piel de cordero y con añadidos de miniaturas). Don Claudio Sánchez Albornoz, en su libro Una ciudad de la España cristiana hace mil años (1985), reproduce varias estampas extraídas de Beatos, lo que significa que para el siglo X, la actual provincia de León, entonces Reino, contaba entre sus maravillas a los rabeles, importados de la cultura musulmana, de la ganadera y ¡vaya Ud. a saber de cuál! Lo que importa es que estuvo presente durante una buena parte de nuestra historia, que por razones varias su tradición se perdió en algunos lugares y que por las mismas y más se pretende recuperar en estos tiempos que nos hablan tanto de la identidad leonesa.
Los tocadores de guitarra o violín saben que, para extraer del instrumento concreto sus sonidos musicales, se requiere ejercitarse en una misma práctica. Esto no acontece con el rabel que es herramienta que puede ser cogida de varias formas, lo que demuestra, dentro de la tradición cultural y musical que lo individual está por encima de lo general, lo que es de agradecer. Lo que sabemos a ciencia cierta es que el tradicional debe ser relativamente pequeño, adaptable y liviano para quien lo toca. Estas características facilitan la creatividad, también personal. En la Fundación Joaquín Díaz González, en Urueña (Valladolid), hay alguno que recuerda en la forma al número ocho (8), con cuatro cuerdas. Ahora bien, el hecho de que un rabel dispusiera de más de una cuerda no significa que se tocaran todas. Sólo se hacía sonar una pues las otras eran de repuesto, es decir, al romperse la que sonaba se sustituía por otra que estuviera al alcance de la mano, y ningún lugar de abastecimiento mejor que llevarlas en el propio instrumento. Al mismo le extraían los diferentes sonidos con la ayuda de un arco de madera que llevaba de punta a punta una cuerda adicional para esa misión.
Para aquellos que sean escépticos de la presencia histórica del rabel en nuestra Ribera del Órbigo, les recomiendo que lean primero algunas obras notables del historiador Ramón Menéndez Pidal de las que destaco Poesía juglaresca y juglares: Orígenes de la literatura Románica (Madrid 1990). Pero hay más, en aquellos documentos que se elaboraban por los albaceas como Inventarios de Bienes, los hay que reseñan entre los elementos inventariados a rabeles y vihuelas. Dispongo de algunos documentos de este tipo que datan del siglo XVIII y XIX.
No deseo expresar con lo dicho que la Ribera del Órbigo sea el epicentro, baricentro y circuncentro del rabel. No obstante, es una tradición musical de la que debemos sentirnos orgullosos, y que si se rompió el hilo conductor señalado por la historia, bueno es que organizaciones como la Barbacana y personas como Miguel Ángel Badeso, de Villadangos y que algún tiempo estuvo en la asociación de música leonesa La Tornadera de La Bañeza, y el ya citado José Luis Reñón estén en la experiencia diaria de recuperar aquello que no se debió perder. Voy a referirme ahora, con la buena intención de superar la indiferencia histórica cómo surgió este instrumento.

1. ¿QUÉ ES UN RABEL?
El rabel es un instrumento de cuerda que se toca frotando las cuerdas con un arco. Su origen puede estar en la cultura musulmana y pudo llegar a tierras leonesas por dos caminos:
1. los emigrantes mozárabes que salieron del ámbito cordobés cuando las cosas comenzaron a ir mal para los cristianos,
2. y mediante los pastores de la Cañada Real, una de cuyas rutas secundarias pasaba por todo el Órbigo, tanto en la ida como en la vuelta.
Nadie discute hoy que en los últimos siglos estuvo asociado a pastores y gentes de campo, más bien humildes y poco ricos. Si sus orígenes son árabes, entonces su precedente estaría en el rabáb o especie de laúd que estuvo presente en los siglos X y XI, y que era frotado mediante un arco con cuerda. La primera cita en lengua castellana se encuentra en el Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita. Estamos refiriéndonos a una fecha que debe situarse entre los años 1283 y 1350 más o menos. Aquí se advierte ya el contraste entre el rabé morisco y el rabel; es más, se hace referencia al agudo sonido de éste último, porque el primero ofrecía una armonía débil y mitigada: “El rabé gritador, con la su alta nota cabel el orabyn tanjendo la su rota”.
Los juglares tuvieron una importancia inusitada para la difusión del rabel, lo que muestra que era popular entre las gentes sencillas y entre las capas altas, incluidas las Cortes regias. Muy posiblemente, fue debido a esta popularidad lo que fomentó la evolución del instrumento. La Ruta Jacobea fue clave para este dato, ya que por ella llegaron gentes de toda la Europa medieval. Precisamente, una de las razones que explica la evolución del instrumento es precisamente este incesante roce entre trovadores de diferentes nacionalidades y los nativos de la Ruta Jacobea. La visión de unos y otros, las experiencias positivas que pudieron extraerse de este asunto, serán claves para entender como es el desarrollo posterior.
A principios del siglo XV, las dimensiones de los rabeles comenzaron a modificarse. Esto es un dato fundamental para el instrumento y para el espectáculo. Una cosa era extraer los sonidos musicales apoyándolo en el pecho del tañedor y otra muy distinta que el mismo personaje, por ejemplo, tuviera que moverse por la calle acompañando con sus sones una procesión o un entierro. Este detalle, nimio por otra parte, sirvió para que se iniciara un proceso de evolución. Otra dimensión fue el paso que se dio entre la presencia de un solo tocador y de tres o cuatro más tarde en la tradición musical. Añado que la evolución del instrumento exigió la evolución del arco tañedor.
Otro dato documental, no escrito pero sí esculpido, que documenta la presencia del rabel, y consiguientemente su influencia europea, pero igualmente española, es que los podemos ver en la Catedral de Santiago de Compostela, concretamente en la denominada Puerta de la Platería; es más, al rey David aparece tocando uno y sabemos por la tradición bíblica que este rey era aficionado a la música pero no precisamente de este instrumento. El detalle nos remite a la influencia de la etapa del románico en todo el Noroeste de la Península Ibérica.
A partir del siglo X, el rabel inicia un camino lento pero seguro para afianzarse en las residencias reales, en las iglesias de renombre y en las familias pudientes. Las imágenes extraídas por Don Claudio Sánchez Albornoz para la ciudad de León, en torno al año mil, conservadas en códices depositados en la Biblioteca Nacional, muestran bien a las claras que la tradición musical estaba ahí, y que tenía una influencia social más que notable ya. Es más, los tañedores profesionales iban ya vestidos con una indumentaria concreta que debía distinguirlos del resto de los mortales.
El empleo de los rabeles en diversiones, danzas, distracciones, esparcimientos, etcétera de la nobleza y clases sociales altas está bien documentado, incluso en la Ribera del Órbigo como anotaré más adelante. Es más, los tocadores oficiales eran contratados para tocar en honor de los forasteros importantes.
En la sociedad labradora y ganadera de nuestra provincia leonesa, el rabel ocupó un aspecto social importante; es más, para aquellos que dudan de su presencia histórica entre nuestros antepasados, pues les voy a ofrecer unos ejemplos, extraídos de documentos de épocas pasadas. Hacen referencia al pueblo de Benavides, que fue el más importante durante mucho tiempo, por ser lugar de mercado y de residencia de las autoridades del Condado de Luna, en cuya Jurisdicción estuvimos los de Veguellina de Órbigo, como lugar, vocablo que traduce otros tiempos lejanos.
La documentación que hace referencia a los rabeles es escasa. Hasta la fecha solamente he logrado detectar tres testimonios que citan a estos instrumentos musicales. Lo dicho no quiere decir que no tuvieran importancia o que no se les diera; más bien hay que centrar todo tipo de música en función de la fiesta y en la Edad Media y Moderna, nuestros antepasados tenían otras preocupaciones más notables, especialmente la de lograr el sustento diario mayoritariamente en la agricultura.
En los legajos de papeles heredados de mis antepasados, muchos de ellos oriundos de Benavides de Órbigo, he encontrado dos testimonios que evidencian la presencia de rabeles en la Ribera del Órbigo, pero el más notable de ellos se remonta a 1627 y dice así cuando hace referencia a los bienes inventariados de la propia parroquia (incluidos los de las diferentes cofradías): “auia unos arraueles de tress cuerdas que azian sonar en la festividad delas sanctas animas uenditas à petición dell maiordomo” (APSJ 1627, fol. 12).
En otro documento de la misma localidad y debido a los bienes de Antonio Guerra Presa, fechado “a veinticinco días de 1743”, los albaceas Pedro Presa y Claudio Martínez apuntaron que “en la habitación primera del primer piso había cinco varas de estameña blanca cubriendo un rabel” (ASR 1743, fol. 8 bto). En otro inventario de bienes referente a Andrés Majo Martínez y fechado “a veintinueve días del mes de Marzo del año de mil setecientos sesenta y cuatro”, se anota “en la primera habitación por la derecha (entiéndase entrando desde la calle) una chaqueta, un chaleco y unos calzones todo de paño del difunto que eran de tocar un rabelito también depositado en la misma habitación” (ASR 1774, fol. 5 bto).
Julio Caro Baroja apunta en varias ocasiones el rabel como instrumento de uso corriente y con un territorio muy amplio en su dispersión cultural en la Península Ibérica.

2. CONSTRUCCIÓN DE UNA TRADICIÓN
En el supuesto de que en la Ribera del Órbigo no se hubieran dado nunca aspectos culturales de y desde el rabel, la verdad es que nada impide el que se elabore y se ponga en marcha. Los Mitos griegos han tenido y tienen una importancia indiscutible para la tradición cultural de Occidente, pero ¿se hubieran sostenido sin unos rituales adecuados? Nadie discute que el toro es parte de la cultura del Mediterráneo pero hoy, por criterios de respeto, las Asociaciones defensoras de animales están en contra de que se les maltrate en una Plaza de Toros.
Quiero decir con esto que nada impide que se ponga en marcha y se recupere una tradición musical que tuvo vigencia entre nuestros antepasados; es más, a ellos debemos un patrimonio que estamos obligados a mantener, y algún detalle se perdió, hay que recuperarlo como parte de nuestra memoria. Sólo hace falta el ritual pertinente para que resucite y perviva.
Si se quiere que el rabel tenga futuro, no sólo se requiere conocer el legado histórico, sino que los actuales veguellinenses estamos en la obligación de mantenerlo apoyando a aquellos, que como José Luis Reñón, están por la tarea de recuperar y poner en práctica de modo cotidiano, porque, aunque parezca raro, es parte de nuestra identidad leonesa, una de las pocas no inventadas en la España actual porque entronca con los primeros aspectos del Reino Astur-Leonés, donde el rabel tuvo su lugar. En resumen, estas líneas están para animar a la Asociación Cultural Barbacana, en la que se enmarcan los rabelistas de Veguellina y de otros sitios cercanos, y apoyarles para que no desmayen, y sigan deleitándonos con esta música tan nuestra.

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EL RABEL

Manuel de San Mateo Gil

Es éste un Instrumento al que tenemos un cariño especial. Estaba prácticamente perdido cuando a finales de los 80 conocimos a Alfredo González y en el 95 a Nato, quienes nos enseñaron su uso y repertorio tradicional. De hecho en el 95 en un disco Parva y Sosiega fue la primera vez en que sonó, en una grabación, un rabel leonés. Ahora que este instrumento se va haciendo popular en las manos de nuevos músicos y aficionados es importante que conservemos las características del rabel leonés, tanto desde el punto de vista del instrumento como de su repertorio tradicional. Todos los rabeles realmente antiguos conservados en León (museo etnográfico provincial, rabel de Alfredo, colección de Joaquín Díaz y coleccionistas particulares) tienen la tapa de piel y normalmente 3 cuerdas de tripa. Una excepción es el que toca Fortunato Rodríguez con cuerdas de violín y tapa de madera, si bien este instrumento fue construido por él en los años 70, recordando el que tocaba su padre (que no sabemos como era realmente). Respecto a la forma de tocarlo, los interpretes tradicionales que han llegado a nuestros días en León, y quienes les enseñaron, lo tocan sobre el pecho o bajo la barbilla (al modo de la fídula medieval) y con la misma posición que en el norte de Palencia y comarca campurriana en Cantabria. Si bien a principios del siglo XX, Luis Menendez Pidal retrató al rabelero de Boñar tocando el rabel al modo de la viola de gamba, tal como se ha conservado en Asturias y el valle de Polaciones en Cantabria (modo purriego), es decir colocando el rabel vertical entre las piernas. Esta es la habitual posición escogida por los nuevos rabelistas, aunque quizás no la más tradicional. Si un instrumento se ha ganado el apelativo de leonés, este es el rabel, y no por que se conserve sólo en la actual provincia de León, si no por que igual que le ocurre al mastín leonés, se ha transmitido su uso tradicional a lo largo de la cañada real leonesa, desde las dehesas extremeñas, pasando por Toledo, Avila, hasta llegar a los puertos merineros de verano del Norte de Palencia y noreste de la provincia de León, con las zonas colindantes del concejo de Caso en Asturias y del alto Campoo y valle de Polaciones en Cantabria. Es decir podemos superponer perfectamente las zonas de mayor pervivencia del rabel, como instrumento tradicional en España, con la Cañada Real Leonesa.

http://www.sondelcordel.com/blog/la-influencia-de-la-musica-tradicional-leonesa-en-la-regiones-vecinas/117/