AULA DE RABEL DE VELILLA DE LA REINA

Curso 2012-2013

________________________________________

Curso 2011-2012

El profeso

r y los alumnos del grupo de curso 2010-2011.

El profesor y los alumnos de dos grupos del curso 2009-2010.

**********************************************************

ARTESANOS DE RABELES en Velilla

Honorino Fernández González es uno de los artesanos de rabeles de Velilla de la Reina que surte a los alumnos de la escuela y a quienes deseen adquirir un rabel. Su taller está en la C/ La Carrera, nº 37 y su teléfono es el 987357902

Manuel Fernández Martínez es artesano de rebeles, panderetas y otros de instrumentos de música tradicional. Su taller está en la C/ Las Bodegas y su teléfono es el 601130716

**********************************************************

EL RABEL en LEÓN

1- Aspectos generales del instrumento musical RABEL:

El Rabel es un instrumento musical tradicional “cordófono”, cuyas cuerdas se frotan con un arco enresinado.
Los rabeles, por su origen popular, pueden presentar diversas formas y tamaños. No hay ninguna norma ni ningún sistema establecido para su construcción.
Cada rabelista construía o encargaba construir artesanalmente su ó sus propios rabales, según su gusto y pretensiones sonoras, y de ahí la diversidad en formas, tamaños y materiales: los hay con caja en forma de ocho, en forma cuadrada; con la parte posterior plana u oblonga; de madera, chapa, piel, calabaza, etc.
La forma de la caja de un rabel y la postura al tocarlo dan indicios de su origen.

2- Introducción del rabel en la Península:

Así, según distintos autores, unos rabeles proceden del rebec árabe, introducido en la Península Ibérica por el Sur hacia el S. XI. En este caso el rabelista toca sentado y apoyándolo sobre las rodillas. (En las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio –S.XIII- aparecen varias imágenes de músicos rabelistas tocando en la antedicha postura).
Otros rabeles tomaban como modelos a seguir las fídulas introducidas en la antigua Hispania por distintos pueblos europeos a través de los Pirineos y por vía marítima, y en el medievo también serían portadas y difundidas a través del Camino de Santiago (entre otras vías). En este caso, el rabelista toca de pie y apoya la caja del instrumento en el costado o en el hombro. (En el Pórtico de la Catedral de León -S.XIII- pueden apreciarse relieves de músicos con este tipo de instrumentos similares al rabel, tocando en ambas posturas).

En la Península Ibérica, el rabel fue adoptado de forma popular por los pastores. A través de las cañadas y vías de trashumancia, los pastores portan y difunden este instrumento (además de otros aspectos culturales tradicionales) por las distintas zonas que pasan o se asientan, y con él se acompañan en sus tonadas, romances y bailes.
No obstante, el rabel pasó también a ser instrumento musical cortesano (Ramón Menéndez Pidal, 1942, hace mención a que Pedro IV de Aragón –S. XIV-“tenía a sueldo a dos juglares de Játiva tañedores de rabel y exabeba”).
El rabel constituyó así, desde épocas medievales, un instrumento de acompañamiento del cancionero popular y también del cancionero y romancero de palacio.
En la literatura, además de las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio (S.XIII), antes apuntadas, hay frecuentes referencias a este instrumento: en el Libro de buen amor del Arcipreste de Hita (S. XIV), Coplas de Fray Iñigo de Mendoza (S. XV), Los siete libros de Diana de Jorge Montemayor (S.XVI), etc.

Con la regularización académica de los instrumentos musicales de cuerda (tamaños, materiales, formas, afinaciones…) el rabel pasó a ser instrumento popular de construcción libre, según el gusto y las pretensiones sonoras del rabelista.
Llegados al Siglo de Oro, queda en manos de los pastores la conservación de la tradición del rabel, siendo este instrumento desplazado del culto y noble rango que mantuvo durante la Edad Media. (Cobarrubias –1611- dice acerca del rabel: “usan dél los pastores, con que se entretienen”).
La tradición popular del rabel ha llegado hasta nuestros días, sobre todo en poblaciones de montaña.

3- EL RABEL EN LEÓN:

a) En los Valles de Riaño y Esla:

Concretamente, en la zona de Riaño, se han encontrado hermosos ejemplares y se tiene constancia de algunos de sus últimos intérpretes tradicionales: Segundo Sierra, Alfredo González, Bernardino Sutil, Fortunato Rodríguez, ... (de los que también se conserva algún registro fonográfico de los temas que interpretaban y cantaban).
En el intento de recuperar toda la documentación posible, y los modelos aún conservados, según las investigaciones hechas por José Luís Reñón (natural de Veguellina de Órbigo) se han hallado, catalogado y hecho réplicas de NUEVE modelos de RABELES , todos ellos originarios de estos valles.(ver fotos de 6 modelos)

b) El rabel en el entorno de Velilla de la Reina:

Por lo que respecta a la Ribera del Órbigo, el etnógrafo D. Carlos Junquera, ha confirmado la existencia de dicho instrumento musical, al menos desde el S. XVIII (a partir de documentación de esa época encontrada en Benavides).
- Lamentablemente, no tenemos constancia de ningún modelo concreto de rabel procedente de esta zona leonesa.
- A partir de diversas intervenciones de José Luís Reñon (investigador y artesano de rabeles, natural de Veguellina de Órbigo) como artesano en la Muestra de Artesanía y Música Popular del Alto Órbigo, que anualmente se celebra en Velilla de la Reina, se empieza a conocer el instrumento rabel en esta localidad.
- Y a partir de intervenciones de rabelistas leoneses -como Miguel Ángel Badeso, Miguel Ángel García y Eduardo Nicolás- ambientando musicalmente dicha Feria, los velillenses comienzan a tomar gusto por este instrumento popular, dado que pueden apreciar en vivo lo bien que acompaña al cantar las canciones populares.
- Con esta motivación creciente, en 2008 se crea la primera Escuela de Rabel Leonés, en Velilla de la Reina, teniendo como profesor a Miguel Ángel Badeso. Desarrollando dos caminos de trabajo: uno de clases de interpretación y otro de taller de elaboración de rabeles a partir de modelos de rabeles hallados en la provincia de León.
El Curso 2009-2010, ha contado con 21 alumnos, venidos de distintas localidades leonesas, siendo distribuidos en dos grupos: uno de 11 alumnos –de iniciación- y otro de 10 alumnos –avanzados-. En el Curso 2010-2011 la escuela sigue contando con similar número de alumnos repartidos igualmente en dos grupos: iniciación y avanzados

- Respecto a la construcción artesanal de rabeles el resultado ha sido muy destacable además de pionero en toda la provincia leonesa, dado que no solo se han elaborado rabeles de óptima calidad para las clases de interpretación, sino que también han suscitado interés en personas ajenas al curso programado (ver fotos).

4- El Rabel y sus posibilidades interpretativas:

Como ya antes se apuntó, los rabeles pueden presentarse en diversas formas, tamaños y materiales. Ello hace que las cualidades de sonido de unos comparados con otros puedan llegar a ser bien distintas. Hasta hay constructores que afirman que “ no hay dos rabales que suenen igual”.
Esta particularidad diferencia y hasta personaliza cada rabel. Y si a esto añadimos que cada tañedor o intérprete toca y canta con su particular timbre de voz, con más o menos capacidad de afinación-entonación, con más o menos conocimientos de música aplicados, con más o menos gracia para captar la atención de los oyentes, en función de lo que interpreta o cuenta, nos encontramos con que cada rabelista con su rabel forman un tandem con verdadera personalidad propia, lo que sin duda hace más rico y variado un concierto de varios intérpretes de este instrumento.

Los rabeles más elementales tienen una cuerda útil (cantarina). Los que tienen dos cuerdas, suele hacerse sonar la segunda como bordón (o simplemente se tiene ahí al lado de repuesto por si rompe la cantarina). Más completo es ya un rabel con tres cuerdas. Si se hace uso de las tres, afinadas en cuartas, lo normal es afinarlo, en sentido ascendente: La (la más grave), Re (la intermedia) y Sol (la más aguda). Aunque para esto tampoco hay una norma exacta, y dependerá del que vaya a cantar, ya que con el rabel, además de tocar hay que cantar (si encuentra adecuada o no esta afinación para su tesitura de voz, pudiendo variarla subiendo o bajando uno o varios tonos dicha afinación).
Con más de tres cuerdas útiles es muy raro encontrar algún rabel ( a no ser que se haya querido imitar un violín, o se trate de alguna antigua fídula).
Las cuerdas, tradicionalmente eran de tripa o de crin de caballo, pero en tiempos recientes se han adoptado de otros materiales (metálicas, de otros instrumentos de cuerda, de fibras sintéticas, etc). El arco de madera y con cierto pronunciamiento en su curvatura, mantiene tenso un fino manojo de crines de caballo (o fibras sintéticas) que, untado con resina natural, queda dispuesto para frotar con él las cuerdas del instrumento, a la vez que, con los dedos de la otra mano se va pisando de forma individual y sincronizada cada cuerda en su lugar oportuno sobre el mástil (sin ayuda de trastes) produciendo así sus particulares sonidos.

Ya en términos de posibilidades interpretativas, podemos decir que, un rabel de tres cuerdas es un instrumento cromático (es decir, permite interpretar temas tanto en modalidad mayor como menor, y en varias tonalidades) y afín a instrumentos como el acordeón cromático o la flauta travesera (en el sentido de que éstos pueden acompañar al intérprete de rabel, de forma sutil, mediante acordes, segundas voces, etc).
Y dado que en nuestro cancionero tradicional son numerosos los temas en modalidad menor (sirvan de ejemplo algunos temas tan conocidos como: “A la luz del Cigarro”, “En casa del Tío Vicente”, “Dicen que los pastores “, etc) nos encontramos con que no pueden ser interpretados correctamente con otros instrumentos melódicos tradicionales de uso más generalizado y esencialmente diatónicos, como por ejemplo la gaita o la flauta, (teniendo que “falsear” algunas notas) y sí, de la forma más fiel, con el rabel.

Una razón tan importante como ésta es motivo suficiente para recuperar la tradición interpretativa de este instrumento, que no solo ha sido eco de las tonadas y rabeladas de pastores, sino también un instrumento musical tan noble y culto desde su origen como pueda serlo cualquier otro, y con añadidas posibilidades para la interpretación y conservación de nuestro rico patrimonio musical tradicional leonés: todas esas canciones populares que si no se revitalizan con nuevos intérpretes caerán en el olvido definitivo.

José Luís Reñon y Miguel Ángel Badeso ( 2010)

ELEMENTOS O PARTES DEL RABEL