Personajes Zoomorfos en el Antruejo

La representación figurada de animales es un hecho que se ha producido desde la Prehistoria. La interiorización de su imagen y de la vivencia, sometida a procesos mentales más o menos complejos, ha adquirido a través del tiempo y según las culturas distintas formas y finalidades de ser representada.
Como sucede en el Arte Parietal o en el que se ha denominado Arte Etnográfico, también los personajes zoomorfos del Carnaval participan, por su apariencia, de una iconografía, de un contenido simbólico o iconología y de un valor semiológico por cuanto son portadores de signos sociales.
Este antropomorfismo se manifiesta en el Antruejo a través de la máscara, considerándola no sólo como imagen aparente que oculta el rostro, sino también todos aquellos aditamentos corporales utilizados para producir la apariencia.
En esta mascarada se engloban personajes que representan bóvidos, equinos, caprinos, ovinos y diversos animales salvajes, cada uno resultantes de la tradición y del imaginario popular.
Cuando el hombre se identifica con el animal a través de gestos, sonidos, movimientos o disfraces se produce una acción mimética o de identidad psíquica con la que se pretende reproducir y transmitir un mensaje vital de condición y raigambre probablemente mítica. A través de ellos se genera una asociación de ideas entre la fisonomía del animal y el fin por y para el cual es representado. Esta aparente encarnación facilita comportamientos espontáneos, semejantes a los propios de la libertad instintiva, contribuyendo con su comportamiento a la creación del contexto ritual, en este caso, carnavalesco. Su representación, al igual que la mayoría de las máscaras, se basa en un significado intimidatorio, por lo que casi siempre tienen una faz estremecedora.
Mientras que el disfraz de bóvido, equino y caprino tiene connotaciones y acciones concretas en la carnavalada, la figuración de aquellos animales considerados alimañas -definición para los considerados peligrosos y contrarios a los intereses del hombre, es decir, el lobo, el oso y el zorro- suponía, en el pasado, lo que Frazer llamó “transferencia a los animales”, esto es, asumir la animalidad -seguramente provista de un fuerte componente imaginativo e incluso mágico- para adquirir la energía vital y las cualidades genésicas del animal, para someterle a la superioridad humana, para crear fingidas cacerías de las fieras o invocar la protección que necesitaban los ganados para no ser atacados por esas alimañas.
En una sociedad fundamentalmente pastoril con un sentido de rango panteísta y estrechamente relacionada con una naturaleza siempre superior al hombre, el mundo de lo salvaje y lo humano estuvieron enfrentados, y la puesta en escena de esa lucha mediante danzas o cualquier otra forma de acción constituyen en algunos carnavales es el momento central de los mismos, como es visible en el Antruejo de Velilla de la Reina.

Joaquín Alonso

LOS OTROS PERSONAJES DEL ANTRUEJO DE VELILLA DE LA REINA

En el Antruejo de Velilla de la Reina, además de los toros y guirrios, intervienen otros antruejos o representaciones rescatados de la tradición como son la gomia y la zampa (especie de monstruo cuya cabeza es el esqueleto de un caballo), el oso y el domador, la mula, el hombre de las tenazas, los madamitos, las máscaras, los barrigones, los vejigueros, zamarrones, pellejos...

Las Gomias y Zampas

Las gomias son representaciones que pretenden ser monstruosas con un torso parecido al de un dragón o serpiente y en cuyo frontal portan una clavera de un animal grande, caballo o vaca, con un mecanismo que permite abrir y cerrar las mandíbulas (una gran boca para comer, incluso a los niños). Son herederas de las tarascas y gómias que salian de las iglesias en semana Santa en las capitales por los siglos XV a XVII (la puerta sur de la catedral de León se conocia popularmente durante varios siglos como puerta de la gómia). La gómia tiene sentido horizontal, lleva la calavera en la parte frontal y va portada por cuatro o cinco rapaces. La Zampa tiene sentido vertical y lleva la calavera sobre la cabeza de su único portador.

 

Los zamarrones

Los zamarrones son guirrios o personajes de origen pagano, procedente de la épocas prerromanas, Este personaje siempre representó el jolgorio y la lujuria. Aparece en la época que precede al antruejo, si bien siempre podremos encontrarnos con alguno en cualquier otra época del año dado el carácter malicioso y picaresco de este personaje. Generalmente nos los encontramos haciendo ruido con desagradables instrumentos como carracas, matracas, etc. Entre sus aficiones más deplorables está la de perseguir a las mozas y a los más desvaídos del lugar (niños, ancianos, etc.).-

  


El oso y el gitano o domador

Herencia de los ambulantes y antiguos espectáculos medievales que recorrian los pueblos. El oso es un personaje mítico al cual no podemos separar de su dueño el gitano o domador, que fue quien lo enseñó a vivir de las viandas que otros le dan al verlo hacer alguna gracia como bailar, ponerse en pie ó mover la cabeza; hay quien atestigua que llegó a subirse encima de el gitano lastimándole varias costillas.

 

Los barrigones

Personajes curiosos donde los haya cuya digestión la hacen con enormes ingestas de hierva y que tapan su cara con medias ó carétulas por miedo a que los reconozcan los vecinos del lugar. Este personaje lo podemos encontrar en cualquier época del año pero casi siempre en reposo.

 


Los toros de saco

Personajes animales que simulan al toro y al guirrio blancos pero en este caso recubiertos por viejos sacos, los pueden portar cualquier mozo y son extrmadamente fieros.

 

Guirrios con máscaras de pieles, madera y huesos

Se visten a base de pieles y pellejos de animales como cabras, ovejas, zorros, etc. Son guirrios muy arcaicos, vestidos con antiguos trajes de lino y saco, cubren la cabeza con máscara cónicas realizadas con pieles y huesos, calzan abarcas de pellejo y portan en sus manos carracas, tenazas, vejigas, etc.
   

El toro de pellejo

Una estructura de madera con unos cuernos en el frontal que emula una enorme vaca vieja recubierta por un pellejo natural de vaca y pujada por dos tres fornidos velillenses.

El arao y la siembra de la cernada

Recrean ancestrales ritos agrícolas de fertilidad de las tierras. Dos guirrios vestidos con sacos se emparejan a modo de bueyes bajo un yugo, tirando de un arado. Son conducidos por un tercero vestido de vieja. Otro, vestido de labrador y con un saco de ceniza al hombro, va sembrando con la cernada causando el enojo de los allí presentes. Y así recorren el pueblo, como si estuviesen arando sus calles y sembrando.

    

Los vejigueros

Recrean viejos animales prehistóricos con cestos de mimbre sobre la cabeza y los machos de esta especie tienen unos palos sobre ellos que simulan los cuernos de un animal. Van ataviados con sacos y portan un palo con el que se sujetan y también zozobran a los allí presentes.

 

Los enanos y gigantes

Los enanos y gigantes son los elementos del antruejo que más simpatía despiertan entre el público velillense. Herederos del antiguos gigantes y cabezudos tan populares en las fiestas de las ciudades de primeros del siglo XX. Estos personajes disfrutan desfilando y bailando al son de los tambores y dulzainas animando a moverse a la gente que acude al antruejo.

Los madamitos

Son tambien Gurrios que reciben este nombre en los pueblos de la ribera alta del Órbigo, como en Cimanes del Tejar. Los madamitos acompañan a las bailadoras en el tradicional desfile por las calles del pueblo y continúan dando color en la plaza cuando se retiran los toros y los guirrios. Sus caretas son de cartón de forma cónica y provistas de 4 abanicos, visten de blanco con prendas de lino y chalecos de piqué, calzan abarcas de cuero o de pellejo y portan tenazas extensibles para levantarles las faldas a las mozas  y cogerlas por las piernas .

 

El hombre de las tenazas

Esta herramienta ancestral y carnavalesca hace de las suyas en los cuerpos de las mozas ya que aprovecha cualquier descuido para pellizcarlas por sorpresa. Puede llegar a cogerte un brazo ó una pierna a una distancia de más de dos metros.

El toro de fuego

Al caer la tarde todos los personajes van arrinconándose y recogiéndose dejando paso al toro más ruidoso y colorista que es el toro de fuego, quien despedirá el antruejo hasta el año siguiente. Este animal recorre la plaza de la Veiga de lado a lado sembrándola de pólvora y humo que sale de su boca y de su costado. Este espectáculo pirotécnico es de nueva creación.

Representaciones de teatro popular

El Antruejo de Velilla no puede entenderse sin la parodia, la comedia y los discursos. Los propios vecinos recrean divertidas y picantes escenas dedicadas a las bodas, los bautizos, las faenas del campo como la siega, la siembra, la matanza, etc.